El día siguiente amaneció frío, con una niebla espesa que cubría la ciudad, una capa gris que parecía esconder secretos y promesas rotas. Sebastián caminaba por las calles con paso firme, pero su mente estaba lejos de allí, atrapada en el laberinto de decisiones que lo habían llevado a ese punto. A pesar de la claridad del sol, algo dentro de él seguía en sombras. La firma con Gutiérrez había marcado un punto de no retorno, y aunque sabía que había elegido el camino de la venganza, no podía sac