La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas gruesas de la oficina de Sebastián, iluminando el rostro tenso y cansado del hombre que estaba sentado tras su escritorio. Había pasado horas revisando documentos, sumido en pensamientos oscuros que lo mantenían alejado del resto del mundo. El sonido del timbre de la puerta lo sacó de su trance, y levantó la mirada justo a tiempo para ver a Marco entrar sin previo aviso.
-¿Todo listo? -preguntó Marco sin hacer ceremonias, avanzando con pa