21. Despedida calurosa

Ariel

Ese día lo celebramos en un bonito restaurante cerca del centro de la ciudad, comimos postre y también bebimos champagne, el tiempo pasó por si solo, tranquilo y sereno, permitiéndonos disfrutarlo.

Estar cada día con Máximo era cada vez mejor, me sentía tan enamorada que difícilmente algún día podría disminuir ese sentimiento por él.

Al final de la noche vimos una película en el salón. Habíamos convertido aquella parte del ático en un pequeño y desastroso cine, palomitas de maíz dulce y bebidas con mucha azúcar, lo que Máximo declinó para si mismo de inmediato y Amelia le ofreció unas cuantas zanahorias con aderezo saludable y agua.

La media noche nos cogió abrazados en la tarraza, compartimos el silencio por unos cuantos minutos mientras admirábamos una Sídney

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