—Compartir con mis amigos, podés venir si querés, no sólo hay hombres, también hay chicas, todos somos amigos y cada sábado nos reunimos en lugares diferentes para hablar y beber un poco. —le clarifico.
—Ah ok... Creo que deberías soltarme —me dice, pero la aglomero más a mí.
—¿Por qué? —la miro azorado y alguien aclara su garganta haciendo que de un brinco haciendo que nos separemos.
—¿Podemos hablar hijo? —pregunta mi padre con voz gruesa.
—Si viejo —respondo y suelto a Sam.
Luego sigo a