Capítulo 47
Emma
El frío del suelo se había filtrado en mis huesos mucho antes de que la primera luz del alba cruzara las cortinas descorridas.
Me desperté con los músculos entumecidos y el rostro acartonado por la sal de las lágrimas secas. Mis ojos, hinchados y pesados, recorrieron la habitación. Dominic nunca llegó. La cama, con sus sábanas de seda perfectamente estiradas, se sentía como un altar vacío.
Me incorporé con esfuerzo, abrazando mis rodillas.
A media mañana, el sonido de la cerrad