61.
RAQUEL
El coche avanza suave, demasiado silencioso para todo lo que acaba de pasar. Las calles pasan frente a la ventanilla como si no tuvieran nada que ver conmigo, como si mi vida no acabara de estallar delante de cámaras, micrófonos y desconocidos.
Me llevo una mano al vientre sin darme cuenta. Todavía duele un poco. Todo duele un poco.
Michael conduce con las dos manos firmes en el volante. No dice nada al principio. Yo tampoco. El silencio se estira, incómodo, espeso, cargado de cosas que