62.
MICHAEL
Estoy nervioso.
No por el tráfico, ni por las luces del edificio que aparecen frente a nosotros, ni siquiera por los reporteros que sé que, en algún momento, volverán a buscarme. Estoy nervioso por algo mucho más simple y, a la vez, más pesado: quiero que Raquel se sienta en casa… y no tengo una casa que ofrecerle.
El coche se detiene y miro el edificio donde estoy rentando ahora. Es correcto. Limpio. Funcional. Nada más. No tiene historia, no tiene calor, no tiene futuro. Es solo un l