Cap. 187: Asustados y temerosos.
Sarah empujó la puerta de la habitación con cuidado. Al acercarse a la cama, ver a Maxwell tan pálido y conectado a las máquinas le apretó el corazón. Se sentó a su lado, tomó su mano grande, que se sentía fría, y la rodeó con las suyas mientras las lágrimas comenzaban a correrle por las mejillas de nuevo.
—Gracias a Dios estás vivo —le susurró con la voz quebrada por el llanto, mirándolo con una mezcla de amor y reproche—. Pero eres un impulsivo, Maxwell... ¿Por qué te arriesgaste de esa maner