Dominic se quedó helado. No apartó las manos, pero sus dedos no se movieron. El aire en la habitación pareció espesarse. No esperaba una noticia así, no tan pronto. —¿Dominic? —insistió ella, buscando su mirada—. Estoy embarazada.Él parpadeó, recuperando el control de sus facciones. Forzó una sonrisa.—Qué alegría —respondió. La atrajo hacia sí, la abrazó y la besó en la frente. Sus movimientos fueron mecánicos, precisos, pero vacíos. Mientras Sarah se aferraba a él, Dominic miraba por encima de su hombro hacia la nada, le había dicho a su esposa que no pensaba en Grace, que dejaría atrás el pasado, pero tenía una espina clavada en el pecho, que si no se la sacaba no iba a continuar en paz. «Parecías tan sincera. ¿Cómo pudiste fingir todo este tiempo? Hasta me dijiste que me amabas y lo sentí, lo sentía cada vez que me mirabas, qué te entregabas a mí. ¿Por qué Grace? ¿Acaso te estás vengando por qué no te elegí?»—Dominic…La voz de Sarah lo sacó del trance mental en el que se en
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