Cap. 159: Sola en la penumbra.
—¡Señora Charlotte! ¿Qué le pasa? —exclamó la empleada que le llevaba puntual su té, dejando caer la bandeja, que resonó con estrépito contra el suelo, mientras corría hacia ella.
—Mis... mis pastillas —alcanzó a jadear la anciana, con la voz ahogada y los ojos abiertos por el pánico—. El cajón... del escritorio. Rápido.
La empleada corrió hacia el gran escritorio de roble, abrió los cajones con manos torpes hasta que encontró el frasco de medicamentos y regresó de prisa al lado de la mujer. Co