Maxwell la tomó por la cintura y la atrajo hacia él con urgencia. La besó, pero esta vez no hubo dureza ni el rencor hiriente de las veces anteriores. Fue un beso cargado del amor que nunca pudo extinguir, un reclamo desesperado de dos almas que se habían destrozado buscando protegerse. Sarah se resistió al principio, golpeando su pecho con debilidad, pero terminó por ceder, enredando sus dedos en el cabello revuelto de Maxwell mientras correspondía con la misma intensidad.
Sin embargo, la real