Cap. 130: La condesa Eleonora Van de Berg
Charlotte recibió la noticia en su estudio y el impacto fue tal que tuvo que sostenerse del borde de su escritorio para no perder el equilibrio. Sus ojos, antes cargados de arrogancia, ahora reflejaban un pánico absoluto mientras procesaba las palabras de su abogado.
—¿Qué? —exclamó Charlotte con la voz quebrada por la incredulidad—. ¿Cómo pudo hacer eso ese imbécil? ¡Eran mis acciones, el legado de esta familia! ¿A quién demonios se las vendió?
El abogado de la familia, visiblemente incómodo,