Él no respondió al instante, eso hizo creer a Leslie que estaba molesto con su conducta. Duncan acercó al cuarto del armario y se vistió con un par de pantalones vaqueros y un suéter color vino, junto con mocasines, antes de regresar a la alcoba, dónde le ofreció su mano extendida a Leslie.
─Tome mi mano, mi señora ─susurró, sintiéndose ridículo, pero también feliz cuando vio sus gruesos labios curvarse en una sonrisa. Aunque no entendía qué estaba haciendo, Leslie se sentía feliz al intuir que