**Eduardo**
—¿No la despediste después de lo que me hizo? —me reclamó Megan, visiblemente molesta.
—No me dirás lo que debo o no hacer con el personal de mi empresa —respondí fríamente.
—¿Con el personal o con ella? ¡Soy tu prometida! —exclamó.
—Lo sé, m*****a sea. Sé que eres mi prometida, y todo el tiempo me lo recuerdas —terminé irritado.
—¡Entonces actúa como tal!.
Enojado, la acorralé contra la pared, tomé su mentón con fuerza y la obligué a mirarme a los ojos.
—Escúchame bien, Megan —empec