Lo que significaba que teníamos que detenerla. Miré a Sebastian. Recorrí su figura con la mirada una, dos veces. Todavía se veía demacrado, con la barba completamente crecida y los ojos oscuros y tan abiertos que podía ver la esclerótica alrededor.
—¿Puedo confiar en ti? —pregunté.
Apretó los labios.
—Avery, yo...
—No me hagas repetirme —siseé.
Sebastian suspiró y asintió.
—Puedes confiar en mí. Solo una vez más. Y después me apartaré de tu vida para siempre —miró a Melissa, quien mantení