Los ojos de Ariel se abrieron lentamente y se posaron en los intrincados detalles blancos del techo sobre ella. Intentó sacudirse la neblina de confusión que se había asentado en su mente, tratando de atravesar los pequeños fragmentos de información que flotaban en su cabeza.
No podía recordar cuántas veces se había desmayado y despertado en un entorno desconocido.
Se estaba convirtiendo en algo normal y, si recibiera un dólar cada vez que se desmayaba, tendría más de cinco dólares. No era much