El maldito bastardo.
Tenía que ser obra suya, porque no había forma de que estuviera recibiendo todo esto solo por ser “bonita”, no es que no lo fuera, pero era demasiado inusual.
Pero eso lo explicaba.
Los favores aleatorios con los que se encontraba, como si cada persona que conocía terminara cubriendo una de sus necesidades más urgentes.
La ira volvió a encenderse, burbujeando con una ferocidad que amenazaba con consumir cualquier cosa a su paso, y en ese momento deseó que estuviera dirigida