Ariel observó por la ventana. El mundo estaba ahora en paz, pues la nieve había dejado de caer, pero no logró percibir los vibrantes tonos del cielo ni la suave quietud de la mañana. Su mente seguía consumida por los pensamientos sobre su compañero.
El dolor en su voz era algo que no podía soportar, y solo podía culparse a sí misma. Lo que habían compartido la noche anterior había sido mutuo, y ella había disfrutado cada instante, pero había permitido que sus miedos la llevaran a alejarlo.
Arie