Denise era la elección correcta.
La mujer era uno de los pilares fundamentales de la manada, y si había algo que saber, ella podía ser quien lo supiera.
Tenía que serlo.
—Bueno, hola, Ariel. No esperaba verte aquí —dijo la mujer con una sonrisa. Incluso a su edad seguía viéndose bien, y Ariel se sorprendió al enterarse de que estaba acercándose a los sesenta años.
—Lo sé, pero necesito tu ayuda, Denise, y creo que eres la única que puede ayudarme.
—Hmm. Está bien. Puedes esperar en mi oficina;