El hombre en la puerta no se parecía a nada que ella hubiera conocido; estaba furioso, con los labios apretados en una fina línea, y lo peor era que toda esa ira estaba dirigida hacia ella.
—No entiendo, Toby. ¿Qué hice? —El cerebro de Ariel seguía confuso por haberse despertado antes de tiempo, y esa era la forma más rápida de irritarla.
—Tu Instagram.
—¿Qué pasó con mi Instagram? —asomó la cabeza por la puerta, recorriendo el pasillo con la mirada por si alguien pasaba. Los hombres lobo eran