Él estaba mintiendo.
A ella no solo le gustaba; le encantaba—la sensación de sus labios suaves sobre los suyos, moviéndose como olas, la hacía olvidar a las demás personas en la habitación.
El mundo parecía desvanecerse, dejándolos solo a ellos.
Un suave gemido escapó de sus labios cuando sus manos acariciaron su cuello, enviando deliciosos escalofríos por su columna. Él vertía todo su amor y ternura en el beso, y ella flotaba en el horizonte que había imaginado.
Pero terminó demasiado pronto,