Llegó a casa, recordó todo lo que había sucedido en ese sofá aquella noche de pasión con Edward, no pudo sostener más el llanto, se desvaneció y sollozó sin parar hasta quedarse dormida. Al día siguiente recibe la llamada de Ascanio para saludarle y saber de ella.
—Hola, ¿cómo estás mi amor? —contestó Camila con una voz poco animada.
—Cielo, ¿qué te pasa? Te noto apagada, ¿te desperté?
—Sí, me despertaste, pero no importa, sencillamente no pude dormir muy bien, además, a tu regreso necesito hab