Pasaron los días, el sr. Serutti realizó un par de viajes más dentro del mismo País, Camila se encargó de hacer las invitaciones, pidió ayuda a varias de sus amigas para bridarle apoyo con la boda, le hubiese gustado una gran fiesta, lamentablemente, los ánimos no estaban para tanto alboroto.
—Querida, ¿has hablado con el párroco de la iglesia? —Preguntó Ascanio.
—Sí amor, ya lo hice, fui a la iglesia del padre Rivera, el cual, a pesar de tener varias bodas, posee la disponibilidad de casarnos