Hunter Knoefel
El impacto fue seco y traicionero: un puñetazo por la espalda que me arrancó el aire y me lanzó al suelo, cayendo boca abajo. La alfombra mullida del pasillo amortiguó la caída, pero el odio que ardía en mi pecho hizo desaparecer el dolor. Giré sobre mí mismo, quedando boca arriba, justo a tiempo de ver a Edward venir hacia mí. Mi corazón ya latía al ritmo de la guerra.
Traidor.
Sin pensarlo, levanté la pierna y le asesté una patada brutal en el estómago. Oí el chasquido seco de