Hunter Knoefel
Reventé la puerta de la habitación de una patada tan fuerte que el pestillo salió volando, astillando la madera. Y lo que vi hizo que la sangre se me helara en las venas. Edward tenía la mano alrededor del cuello de Maitê, presionándola contra la pared como si no fuera nada.
Su rostro estaba amoratado, los ojos desorbitados, lágrimas corriéndole por las mejillas. Sus pies golpeaban débilmente el suelo, luchando por aire.
En ese instante, algo dentro de mí se rompió.
Me lancé sobr