Hunter Knoefel
—Entonces, Wayne, ¿qué me dices ahora? El coche de Krystal, el coche de él… los dos están en el aparcamiento del aeropuerto.
Mientras hablaba, consumido por una rabia descomunal, intentaba concentrarme en el tráfico. Mi abogado y amigo reflexionó:
—Como mínimo es extraño que su coche esté allí junto al de Krystal… pero también hay que tener en cuenta que ninguno de los cuatro ha embarcado ni figura en ningún vuelo.
—¡Fue por otro camino para despistar! Está cegado, loco por ella. Perdió completamente el juicio. La secuestró, y voy a denunciarlo en comisaría.
—Hunter, no estás pensando con claridad. Mira el escándalo que vas a provocar a tu familia.
—¡Me importa una mierda! ¡Él no trajo a esa mujer para mí! ¡Ella solo se irá de mi lado cuando yo decida que debe irse!
—Tú también estás ciego por ella. No sabes distinguir lo que es rabia hacia tu hermano de lo que es un sentimiento por esa chica.
Aparté la vista del volante y giré la cabeza hacia él.
—Sí, estoy ciego… pero