Hunter Knoefel
—Entonces, Wayne, ¿qué me dices ahora? El coche de Krystal, el coche de él… los dos están en el aparcamiento del aeropuerto.
Mientras hablaba, consumido por una rabia descomunal, intentaba concentrarme en el tráfico. Mi abogado y amigo reflexionó:
—Como mínimo es extraño que su coche esté allí junto al de Krystal… pero también hay que tener en cuenta que ninguno de los cuatro ha embarcado ni figura en ningún vuelo.
—¡Fue por otro camino para despistar! Está cegado, loco por ella.