Maitê Morelli
Me quedé unos segundos sola, apoyada sobre el mármol del lavabo, mirándome al espejo. Ni todo el glamour de la noche conseguía disimular la tristeza reflejada en mi rostro. Lloré en silencio. Solo me di cuenta de que ya no estaba sola cuando unas manos pequeñas se posaron sobre mi brazo.
—¿Qué pasa, querida? ¿Qué ha ocurrido para dejarte así?
—Hola, señora Rosalie… no es nada. Es solo que este mundo no es el mío.
Ella rió con dulzura.
—Somos como cualquiera, cariño. Nos equivocamo