Hunter Knoefel
La tensión era casi palpable en el aire. Podía sentirla atravesando las miradas, especialmente la de Edward, que no apartaba los ojos de nosotros. Era una mirada cargada de despecho, celos y rabia. Lo más irónico era que todo aquel rencor era culpa suya: fue Edward quien trajo a Maitê a mi vida, quien la lanzó a mi camino como una pieza de ajedrez. Ahora tenía que entenderlo: ella se quedaría aquí mientras yo lo considerara necesario.
Maitê solo se marcharía cuando yo decidiera q