---
Las paredes azules de la sala de estar a mi alrededor parecían sofocarme. Me sentía sumergida en mi propia impotencia, en mi tristeza.
Pero no podía evitarlo, no al sentir mi corazón pesar contra mi pecho de manera tan dolorosa cuando pensaba en cómo podría estar Dominic ahora o en lo que estaba haciendo.
Sujeté mi medallón en un fuerte apretón antes de ponerlo debajo de mi blusa blanca, pidiendo perdón a mamá al mismo tiempo que cargaba el peine del arma, porque no me importaba quién había