74. No soy un santo
Isabel
Trago en seco, apretando los puños a los costados de mi vestido.
—Dante, ha sido un día terrible. María se está muriendo, casi nos matan en una clínica... no creo que este sea el momento para tus juegos de poder.
Dante acorta la distancia entre nosotros con una lentitud depredadora. Cada paso que da hace que mi instinto de huida grite, pero mis pies se niegan a moverse. Cuando llega frente a mí, me obliga a retroceder hasta que mi espalda choca contra la columna de mármol de la escalera.