43. Un ángel
Dante
Horas antes...
Cierro la puerta de su habitación y el eco del golpe resuena en el pasillo como el disparo de un francotirador. La rabia no se ha ido; ha mutado en algo más denso, algo que se me pega a las costillas y me dificulta la respiración. Camino hacia la planta baja, ignorando el pinchazo constante en mi hombro, sintiendo que los muros de mi propia casa se cierran sobre mí.
Ramírez. Ese nombre es un cáncer que ha hecho metástasis en cada rincón de mi existencia. Si supieras lo que