42. Quédate
Isabel
Dante se ha ido, dejando tras de sí un rastro de preguntas sin respuesta y un silencio que pesa más que el estruendo de la puerta al cerrarse. Me quedo sentada en el borde de la cama, con la bata de baño aún húmeda pegada a mi piel, sintiéndome como un naufragio.
¿De verdad pensaba ahogarme? No lo sé. Mi mente me dice que solo quería descansar, que el agua caliente era un refugio, pero en el fondo de mi pecho hay una sombra que susurra otra cosa. Mis padres murieron en un accidente de co