26. Ha sido mi culpa
Isabel
El olor del miedo no se queda en el primer piso; sube como un espectro, filtrándose por debajo de la puerta del dormitorio de Dante. Estoy atrapada en su santuario, un lugar que huele a él: a madera vieja, a cuero y a ese aroma metálico que ahora sé que es la fragancia de la guerra.
Camino de un lado a otro, ignorando el pinchazo de dolor en mi pierna. Mis ojos barren la habitación, tratando de distraerme. Es un espacio extrañamente ordenado, casi monacal. No hay fotos, no hay recuerdos,