169. Tengo miedo
Dante
Él parpadea, y una lágrima solitaria se escapa y resbala por su mejilla. Se lanza hacia adelante y me abraza, rodeándome el cuello con sus brazos delgados. Lo aprieto contra mí, hundiendo el rostro en su cabello, sintiendo que él es mi ancla en este momento de locura. Si puedo salvar a este niño de los demonios de su pasado, quizás, solo quizás, pueda salvarme a mí mismo también.
—Gracias, coronel —susurra contra mi hombro.
—Ve a dormir, campeón. Mañana será un día mejor. Te lo prometo.
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