Las palabras del docto siguen resonando en su cabeza una y otra vez.
Trata de respirar, de lograr llevar aire a sus pulmones, pero simplemente no puede. Se pone de pie con dificultad sin saber muy bien qué hacer.
—No… —se pasa las manos por el cabello desesperado y mira la puerta—. Yo tengo que hablar con ella, pedirle perdón… yo no quería que esto pasara —se gira para entrar de nuevo, pero se detiene cuando las figuras de Robert y Carlo lo enfrentan.
—No vas a entrar a nada —le dice Carlo,