Lo abracé fuerte, sentí su dolor por su pérdida, pasar lo que paso no es fácil, ambos tenemos heridas de adolescencia, solo que las de él fueron traumáticas. Nos quedamos abrazados por un largo tiempo, ambos en silencio, él suspiraba mientras me acogía en sus brazos.
Después de ese momento tan especial ninguno de los dos hizo comentarios, es mejor enterrar lo que nos hace daño, ahora lo comprendo más, siento que yo también me libere de amargura y odio hacia él, con nuestro silencio dimos por en