Tras desatar a las chicas, ellas se frotaron las muñecas, querían salir corriendo, pero al ver la vigilancia no se atrevían, les pusieron unas batas transparentes rojas, aún no sabían lo que estaba sucediendo.
—Se encuentran mis nuevas muñecas, listas. —entro el patrón del lugar, un hombre con tremenda barriga, calvo, dos dientes de oro que sobresalían de todos los demás, vestido con una bata roja— Dense la vuelta, quiero ver si valen el dinero que le pague a Nikola.
Ambas se voltearon a ver cu