Haidar llegó a casa después de un día bastante ajetreado, pero no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que había llegado a tiempo para cenar con Brenda. Ese simple hecho le alegró más de lo que esperaba. Al entrar en el comedor, vio a Brenda sentada en una de las sillas, con las manos descansando sobre su vientre mientras esperaba para comenzar a comer. Al escuchar sus pasos, levantó la mirada y sonrió al verlo.
—Haidar, estás aquí —pronunció alegre y su rostro se iluminó.
Él se acercó a ella