Brenda estaba acomodándose en la cama, acostumbrada ya a las llegadas tardías de su esposo. Sin embargo, esta vez algo en su pecho le decía que había algo diferente. Haidar aún no regresaba a casa, y la inquietud comenzaba a instalarse en su mente. Decidió llamarlo, esperando escuchar su voz y que le asegurara que ya estaba en camino, pero el teléfono sonaba una y otra vez sin respuesta. Con cada tono que pasaba, su preocupación aumentaba. Finalmente, colgó la llamada, mirando el teléfono con l