Aquella mañana, Brenda estaba sentada en la cama con el teléfono en la mano. Su mirada se perdía en el vacío mientras reflexionaba. Desde que había salido de la oficina de Haidar el día anterior, no había podido dejar de pensar en los recortes de periódico que había encontrado. La inquietud la carcomía por dentro, pero al mismo tiempo sentía que hablar de ello con alguien más podría ser un error. Dudaba si debía llamar a Madelaine y contarle lo sucedido o guardar el asunto para sí misma.
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