Haidar había llegado a casa después de un día agotador en el trabajo. Aún con el cansancio reflejado en sus hombros, decidió visitar su cuarto de armario. Se acercó lentamente a los cajones y, casi como si un impulso lo guiara, sacó de allí un pequeño montón de fotografías familiares.
Entre ellas, había una en particular que le robó el aliento: su madre, con una suave sonrisa, acariciaba con dulzura su vientre redondeado por el embarazo. A su lado, un pequeño, él, apenas un niño, sostenía la ma