Brenda, inquieta, se levantó de la silla tras la salida de Aisha y comenzó a caminar lentamente por la oficina. El espacio era tan amplio y ordenado que sentía como si cada paso resultaría interminable. Haidar, por su parte, se concentraba en su portátil, tecleando con rapidez mientras terminaba algunos pendientes. Sin embargo, Brenda notó que, de vez en cuando, él levantaba la mirada y la observaba de reojo. Parecía distraído, como si su presencia en la habitación lo inquietara de alguna maner