Haidar mantuvo la mirada fija en la carretera, su rostro como una máscara de acero, imperturbable, mientras Brenda esperaba su respuesta con el corazón en un puño. Cuando finalmente habló, sus palabras fueron lo que temía.
Eso que ya sabía.
—Me sorprende que hagas esa pregunta, Brenda. Si sabes la respuesta desde el principio. —Su tono era frío, casi cruel, como si quisiera asegurar que no quedara espacio para la duda—. El bebé se queda conmigo. No hay razón para que tú sigas en su vida.
—Haid