La bailarina miraba por la ventana a un lado del ventanal en la silla que le encantaba, aquella que estaba a un lado de la guitarra de Andrei y que jamás era tocada.
Desde que se había ido a la habitación de Andrei, Elisa hizo su día ordinario como cualquier otro día fuera de esa casa. Aprovechó de hablar con algunas personas en Facebook y de ver algunos videos que hace tiempo no veía por Youtube.
Se reía de ella misma al verse haciendo ese tipo de cosas en un momento como en el que estaba, d