Ella apretaba los bordes de la bañera entre sus delgadas manos, descargando su desesperación allí.
Andrei dio un par de embestidas más y ella acabó, sintiendo que un líquido abundante salía de su interior, pero no le prestó mayor atención y se dejó caer hacia atrás, exhausta y relajada, mientras sentía la calidez de Andrei dentro de ella.
Había descubierto la noche pasada que adoraba tener la esencia de Andrei deslizándose desde su interior hasta sus muslos, y no le daba vergüenza admitirlo.