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Elisa miró a su alrededor y lo encontró, le dedicó una sonrisa para hacerle saber que todo estaba bien con su confesión, y él ladeó una para ella y luego seguir conversando.

Un poco más repuesta fue hacia los mesones y nuevamente no había de su licor favorito, pero había cerveza y suspiró porque al menos eso sí podía beber.

—¿Elisa?

La dueña de ese nombre se sorprendió al oír su nombre de una voz femenina, y aquella la conocía. Se volteó congelada, mirando a esa mujer de cabello color chocolat
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