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Cuando vio que Elisa estaba tomando una bocanada de aire para seguir diciéndole cosas, él volvió a tomarla de ese brazo para voltearla, dejando su espalda hacia su pecho para comenzar a conducirla hacia otro lugar.

Con su otra mano libre le tapaba la boca. No quería escándalos en esa fiesta, y debía demostrarle que era él quien mandaba.

—Cállate, mujer escandalosa.

Elisa se resistía a caminar, pero su fuerza no era nada al lado de la del castaño. Así que se dejó conducir, le gustaba que la tom
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