Cap. 97: Él la destruyó, la abandonó, y ahora pretende ser el héroe.
Renata lo miró por un instante, dubitativa, antes de aceptar su mano. La calidez de su toque y la tranquilidad en sus palabras lograron calmar el nudo en su pecho. Se levantó con su ayuda y ambos caminaron juntos hacia el comedor.
Los niños estaban sentados a la mesa, moviéndose ansiosos en sus sillas mientras olían el delicioso aroma de las pizzas recién horneadas. Chiara fue la primera en hablar.
—¡Qué bueno que no comimos hoy las verduras que siempre nos exige la abuela! —exclamó, haciendo u