Cap. 9: ¡Pronto serás mía, Renata!
Marco observó a Renata desde la distancia unos instantes más, notando cada detalle de su apariencia.
La forma en que abrazaba un viejo muñeco y lo arrullaba como si fuera un bebé captó su atención.
Sus ojos vacíos y fijos en el juguete, la forma en que parecía perdida en su propio mundo, le dieron a Marco la seguridad de que estaba frente a una mujer quebrada, una que podría manipular sin esfuerzo.
Se acercó a ella con cautela, ajustando su expresión a una máscara de falsa amabilidad.
Sabía