Leonid caminaba de un lado a otro dentro del despacho. Se sentía preocupado, completamente desconcertado a causa de su firma plasmada en el documento que le había enviado Anya Myers. Lo que rezaba aquel papel era lo que menos le interesaba al magnate; anular, desacreditar o simplemente destruir un documento era algo que podía lograr con dinero e influencia, y si algo poseía Leonid, eran ambas cosas. Sin embargo, necesitaba centrarse en recordar cómo y cuándo Anya había obtenido esa rúbrica, por